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ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA
PARROQUIA "JESÚS DIVINO OBRERO" (1964-1989)
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LA IGLESIA DE JESÚS DIVINO OBRERO

      Han pasado 25 años (1989) desde el día en el que el luminoso templo de Jesús Divino Obrero, un gigantesco esqueleto de hormigón armado, vidrio y ladrillo, se llenó de vida parroquial, A través de estos veinticinco años, las paredes de acordeón y el ábside monumental se han poblado de policromía vítrea, de escultural bronceas, de huecograbados en madera, de mosaicos arrancados y de un impresionante mural cargado de símbolos teológicos y sociales,

      El tiempo oxida la memoria y los protagonistas de las obras y el recuerdo desaparecen, a veces, sin dejar datos y huellas del camino que trazaron.

      Al cumplirse los veinticinco, años de aquellos nacimientos, queremos levantar acta de notario, de testigos de excepción, para describir a las generaciones de cristianos que nos sucedan, lo que hicimos y quienes fueron los artífices de las grandiosas obras de arte que elevan y dignifican los muros de nuestro templo.

EL TEMPLO

      Se edificó balo el pontificado del Obispo Luis Almarcha Hernández. Su escudo campea en el arco de entrada del Presbítero, arco poligonal de cuatro lados y que desempeña la función de arco triunfal. El escudo del Obispo Almarcha está tallado sobre madera que ha sido policromada, conforme al cromatismo original de su escudo de armas.

      Fue diseñado el templo por el Arquitecto del Ministerio de justicia D. José María Vega, quien dirigió las obras, realizadas por la Empresa Dragados y Construcciones. Los gastos fueron sufragados por el Estado, la Diócesis de León y la iniciativa privada.

      Las obras se iniciaron a principios del año 1962 y concluyeron de forma definitiva en el año 1964 con la inauguración solemne de día 2 de julio.

      A grandes rasgos la estructura del templo es la siguiente:

      A1 cuerpo central de la fachada se asciende por una escalinata de tres peldaños que comunica con el pórtico, dividido en tres espacios por dos vigas de hormigón que atraviesan verticalmente la fachada y separado de la escalinata por verjas de hierro fundido. Las verjas fueron diseñadas por el pintor Vela Zanetti con símbolos de la Pasión de Cristo, del Espíritu Santo y de la Ciencia moderna. La fundición fue realizada por David Fernández Cano.

      La parte superior del cuerpo central de la fachada está ocupada por una cristalera con celosías decorativas representado ángeles y realizadas en hierro fundido. En el centro se levanta una gran cruz que sobrepasa la altura de la fachada.

      La gran y única nave está flanqueada por una sucesión de ocho cuerpos en forma de ángulo diedro, separados por gruesas vigas de hormigón. Por encima de los diedros se sitúan las cristaleras hasta la techumbre, que permiten una tamizada iluminación del interior de la Iglesia.

      La techumbre está realizada en hormigón en forma de diente de sierra. Detrás de la nave y en el ábside está el presbiterio.

      En el interior del templo podemos distinguir tres zonas. la primera corresponde a la parte inferior del coro; la segunda es la parte central, con una única nave amplia y espaciosa y la tercera es la zona del Presbítero que se encuentra separado de la nave por una escalinata de cuatro peldaños. En un principio el altar se encontraba en un peldaño más elevado del Presbítero , cabe el muro del ábside. La reforma litúrgica desplazó el altar, gigantesca mole de mármol, hacia la escalinata. Completan el conjunto en planta, la sacristía, archivo y despacho parroquial.

      En cuanto al alzado, la Iglesia, en la fachada principal, consta de tres cuerpos: dos laterales de 4,75 m. cada uno y cuerpo central de 14,30 m. Los cuerpos laterales son de ladrillo a cara vista y chapados en la parte inferior con mampostería de piedra. El paño lateral izquierdo posee un grupo escultórico de caliza blanca, que representa el anagrama y escudo de la parroquia, es decir, a Jesús Divino Obrero, como joven carpintero, diseñado por el Arquitecto del Templo. Sobre el paño derecho se alza la torre dividida en cuatro cuerpos.

      La parte trasera de la Iglesia es semicircular, fabricada en ladrillo y adornada en su parte superior por un grupo escultórico, de piedra caliza, que representa a ángeles músicos, en formas geometrizantes, diseñado por el Arquitecto del Templo.

      La estructura del Templo es de forma rectangular, con un lado mayor de 49,85 m. y un lado menor de 23, 80 m. Tiene una superficie de 1.186, 43 metros cuadrados. La altura es de 13,35 m. en los pies; 15,15 m. en la nave y 17,75 m. en el presbiterio. La torre se eleva a una altura de 25,73 m.

      La Iglesia sigue, en su concepción, los presupuestos de la arquitectura funcional y está concebida como espacio para la reunión de un número elevado de personas. Así se explica su planta basilical, sin obstáculos, y su gran amplitud de nave con capacidad para 1.200 personas, más 300 que puede albergar el coro.

INTERIOR DEL TEMPLO
ELEMENTOS DECORATIVOS

      En el muro desnudo del testero se instaló un mosaico con el apostolado completo. Este mosaico, colocado en el centro, resultó demasiado pequeño para la amplitud del muro. Su creador y realizador fue el P. dominico ITURGAIZ. Cuando se pintó el mural, los mosaicos, que representan a los Apóstoles y a sus símbolos de martirio, fueron desplazados al pórtico de entrada y allí se encuentran, seis cada costado.

      De los muros de la nave pende un vía crucis diseñado por el Arquitecto del Templo. Cada estación está compuesta de tres tallas: dos laterales de madera y una central de terracota.

      Las vidrieras circundan el templo con profusión. Están realizadas con cristales de colores emplomados y en composición abstracta, a excepción de las dos vidrieras que se encuentran encima de los altares laterales. Estas han sido fabricadas con gruesos trozos de vidrio imbuidos en cemento sugiriendo formas arbóleas. Son vitales altamente expresionistas de forma y color.

      En la zona del presbiterio se encuentran dos ambones y un comulgatorio, de delicada factura en madera quemada, con incrustación de nombres de profetas y evangelistas.

      Los altares están formados por tres grandes y majestuosos bloques de mármol verde oscuro. Majestuosos litúrgicamente y a la vez sencillos.

      En el templo destacan, por su magnitud y representación las dos esculturas que realizó en bronce, en su taller de Vicálvaro (Madrid), la artista Susana Polac. La imagen de la Virgen con el Niño, sita al lado izquierdo del Presbiterio, representa a la Virgen, Madre de la Iglesia. El simbolismo del manto, desmesuradamente abierto, pretende cristalizar, plásticamente, la idea. Así se lo explicó la artista a quien esto escribe. La imagen de San José se encuentra al lado derecho. Tremenda escultura de humildad y paternidad. Las dos imágenes forman un conjunto escultórico de perfecto y acabado paralelismo. La imagen de San José hubo de ser transformada, porque en su forma primitiva "padecía excesiva elefantiasis" a juicio del Obispo Almarcha.

      El Sagrario y las lámparas también son de Susana Polac y han roto con la concepción rutinaria y clásica para albergar formas modernas de avanzada estructura irregular y rugosa.

EL MURAL

      Está realizado sobre el muro del testero con acrílicos y materiales pictóricos comunes, fue pintado por el artista JOSÉ VELA ZANETTI, aunque no conste su firma, ya que nunca quiso firmar sus murales religiosos.

      El mural nene 198 metros cuadrados. Se comenzó en el mes de Septiembre, concretamente el día 21 del año 1965 y se terminó el mes de Marzo de 1966. Fue inaugurado el día 2 de Abril de 1966 por el Obispo Almarcha. Acto seguido Vela Zanetti explicó la trayectoria seguida en el mural, en una conferencia pronunciada en el Salón de Actos del Colegio Jesús Divino Obrero.

  La idea central del mural radica en la concepción cristológica-paulina que en forma de himno se expone en el primer capítulo de la Epístola a los Colosenses: "Por El fueron creadas todas las cosas, todas las cosas fueron creadas por El y en atención a El mismo y todas subsisten en El".

  Todo el mural es, pues, el universo como una plenitud impregnada por la presencia de Cristo, Plenitud que emana del trabajo creador de Cristo, reduciendo todas las cosas a unidad por ser El el principio de esta unidad.

Mural Parroquia Jesús Divino Obrero

      Todo el mural se compone de símbolos dinámicos y vitales que encierran el mundo misterioso de lo divino y lo humano. Formas convergentes y emergentes del Cristo que luego se cristalizan en seres concretos y determinados. Todas esas formas configuran la bóveda cósmica que circunda la figura de Cristo.

      En el plano superior del mural, arrancando el vacío infinito, el Espíritu de Dios, conforme al primer capítulo del Génesis, crea formas, todavía informes de vida, que emergiendo de la Divinidad por medio del símbolo de alas en dinamismo, se van confeccionando en astros, mundo sideral y vida. ' El plano central está absorbido por la figura gigantesca de Cristo como punto clave donde adquieren vida todos los elementos de la creación. Figura intelectual y vigorosa, arquetipo de artífice supremo, desnudo de colorines y formas vanas. Un Cristo Obrero y Arquitecto del Universo, con tintes románicos y paso creador. Unas manos en acción que emiten un conjunto de formas arquitectónicas de colores nobles que tiñen el fondo y el trasfondo donde se mueve la figura de Cristo.

      El mundo sideral y la energía aprisionada en los seres creados es arrancada o, mejor dicho, donada por Dios gratuitamente al hombre en los símbolos del átomo y las conquistas espaciales en la tangente de la bóveda de Cristo.

      En el plano inferior a Cristo y en íntima conexión con El, como primer trabajo del Señor, se encuentra la figura más lograda de todo el mural, Pedro, petrificado en forma de piedra-arco, símbolo de la edificación de la Iglesia. Un Pedro vigoroso bajo los pies de Cristo, convertido en virtud de una técnica insuperable en roca-fundamento y piedra de una Iglesia inconmovible. Junto a Pedro, está Pablo como figura de la Iglesia en construcción, de una Iglesia que no ha de construir sólo Pedro. Siguen tipos elegidos, no sabemos por qué, a capricho del artista: Tomás, expresión inequívoca de una duda resuelta por Cristo; Santiago el Mayor, de tipo ibérico, andariego incansable. Y Matías como símbolo de problemas resueltos en la Iglesia de Cristo. En el plano en que se mueven los Apóstoles no podía faltar la figura de Juan el teólogo, maestro longevo, que transmite la profundidad de su doctrina y la tradición experimental a los que luego darían testimonio de la misma doctrina. Así el conjunto Juan-Esteban resulta un grupo de delicada y a la vez apretada belleza.

      En el plano inferior se encuentran representadas todas las actividades humanas, plastificadas a través de manos trabajadoras. Manos de nervios cubiertas con el polvo del elemento terrestre al que transforman y le impregnan vida; mano de alfarero modelando el barro ocre y crema pálida; manos del forjador del color de sangre, fuego y hierro; símbolos de las fatigas del labrador, en el horcón, la hoz y el débil sombrero de paja; formas de acero y hierro semicandente fabricadas por la mano del hombre; y verificándolo todo, las manos divinas, ágiles, en supremo movimiento de dar, de las que irrumpe en el elemento humano la luz creadora y santificadora de la escoria.

      El mural está concebido y realizado, no como problema social, sino como la evangelización y divinización del trabajo humano.

      No resalta la modernidad de la pintura, ya que se nota un potente miguelangelismo y un fondo clásico indiscutible, a pesar de las formas nuevas y concepciones artísticas de primera línea, sino el reflejo del momento histórico que vivimos, con todas las conquistas de la ciencia y adelantos técnicos frutos del trabajo del hombre.

      El mural es sobrio y sólido como una parábola y tan lejos de la espectacularidad como de la distorsión. El tema está desenvuelto con soltura y serenidad y con gran despliegue competitivo.

      Vela realizó el mural en condiciones difíciles de andamiaje y temperatura. Con la Biblia en la mano y las figuras vivas de los hombres de Castilla y León fue plasmando su mural, "como una liturgia, como una misa profana ininterrumpida" según sus expresiones en las horas agónicas de la creación artística.


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