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ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN
DE LA
PARROQUIA "JESÚS DIVINO OBRERO" (1964-1989) |
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LA PARROQUIA HOY (1989)
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Me llamó la atención el templo parroquial de un poblado: su silueta se dibujaba sobre el azul del horizonte; su espadaña era esbelta. Hacia allí dirigí mis pasos, mejor dicho, las ruedas de mi coche. Aparqué el Renault-18 frente al atrio de la Iglesia. Era al filo del medio día. Yo seguí sentado, al volante, mirando a través del cristal de la ventanilla. Las calles, llenas de sol, estaban desiertas. Sólo ladridos en los corrales y el ruido de algún postigo que se entreabría. Sentada en el murillo que bordea el patio de entrada se hallaba una mujer anciana. Con la cabeza inclinada parecía dormitar. Calzaba alpargatas negras y medias de gruesa lana; vestía saya parda con delantal más pardo aún y chaquetilla negra; se tocaba la cabeza con un pañolón igualmente de luto. Ganas me venían de bajar del coche y enhebrar la aguja de la conversación con ella. ¡Cuántas cosas me diría de otros tiempos... naturalmente mejores que los que corremos; cuántas bellas escenas de los años que había dejado atrás! Otros tiempos. La vejez, que es por naturaleza locuaz, es también por naturaleza panegirista de los tiempos que pasaron. Por fin bajé del coche. Como iba vestido de traje talar, la anciana me reconoció inmediatamente. Vino hacia mí, garbosa aún, a besarme el anillo pastoral y a contarme muchas cosas. Era piadosa y pulcra;
nerviosa y ágil; de mirada vivaz. La conversación con aquella buena mujer me dio ocasión para hacer un dictamen sobre lo que es una parroquia. Un dictamen que se acumulaba a otros dictámenes hechos otras tantas veces. Lo que la anciana me había dicho, me daba materia para los "resultados" ; lo que yo recordaba de lecturas sobre el particular, me daba materia para los "considerandos". Todo ello, versión antigua de la revisión debida, con su ver, juzgar y actuar, que tanta nombradía y fama han conseguido en estos tiempos. La parroquia que
es: Reconozco que las dos primeras características son esenciales y que las tres restantes son accesorias, pero no tanto. Domicilio, trabajo, diversiones, actividades académicas y comercio ya no coinciden en el mismo territorio parroquial. Ha aumentado enormemente la movilidad de la gente. Y esta movilidad es consecuencia y al mismo tiempo causa del desplazamiento de los nudos vitales y de los centros de influencia. La parroquia de hoy, es megápolis como se va convirtiendo León, tiene una misión religiosa y humana insustituible. No a pesar de las dificultades de la gran ciudad, sino en razón de las mismas y de las grandes posibilidades que encierran. El mérito de una parroquia de una gran ciudad es ser el lugar de emergencia del cristianismo en la trama y urdimbre urbanas. El desguace del contenido de la parroquia clásica debe encontrar su réplica en la integración que humaniza y cristianiza, sacando a los hombres del anonimato propio de los barrios modernos.. Antonio Vilaplana |