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ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN
DE LA
PARROQUIA "JESÚS DIVINO OBRERO" (1964-1989) |
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REALIZACIONES COMUNITARIAS
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Nos entregaron un templo desnudo, una estructura arquitectónica majestuosa, pero vacía. Y nos dijeron: "Ahí tenéis la parroquia, todo lo demás es asunto vuestro". Y con fuerza y entusiasmo aceptamos el reto. Era necesario hacer acogedora la estancia en el templo, sentirse a gusto en los actos litúrgicos, impregnarnos de la Palabra... La primera misa de aquel mes de Septiembre, la celebramos sobre un altar improvisado y todos los asistentes, de pie, nos apiñamos junto a las gradas. No temamos más que ilusiones y un suelo bendito donde pisar. A1 término de aquella celebración, nos reunimos el párroco, la Junta de obras y feligreses sobre aquellas losas salpicadas de cal y cemento y con carácter de urgencia, se acordó, fuere como fuere, dotar a la Iglesia de bancos y de megafonía. Y a los dos meses el templo se había funcionalizado comunitariamente con ochenta hermosos bancos y el primer equipo de megafonía. La familia parroquial respondió con creces y entusiasmo. Los bancos fueron pagados con aportaciones individuales, en mínimo tiempo. Lo mismo ocurrió con la megafonía a pesar de tener que sustituirla por otros equipos, en dos ocasiones. La Iglesia es demasiado voluminosa y las técnicas de sonido no habían sido tenidas en cuenta, ni estudiadas suficientemente. Unos meses más tarde, acordes en estilo y funcionalidad con los bancos, se instalaron los confesionarios y las pilas de agua bendita. Todos estos elementos habían satisfecho unas necesidades mínimas para las celebraciones litúrgicas. Pero en el templo hacía frío, mucho frío y los actos, en invierno, resultaban largos e incómodos. Con motivo de la inauguración del mural (1966) se planteó la necesidad de instalar calefacción. Pero un problema moral golpeaba las conciencias. Algunos feligreses consideraban un lujo proporcionar calor al templo desangelado y difícil de calefactar, mientras en sus propias casas padecían el frío por carecer de calefacción. Sin embargo, el criterio de la mayoría, que optaba por la calefacción, se impuso. Se hizo un estudio de costes. Y aquí apareció la sorpresa: con un promedio de 500 Ptas. por familia, en tres años, quedaba liquidado el importe de la calefacción. Nos lanzamos a la empresa y todo resultó como se había previsto y diseñado. A los tres años, el coste de la instalación de la calefacción estaba cancelado. La construcción y adquisición del domicilio parroquial fue un auténtico golpe de audacia y valor, cuando carecíamos absolutamente de medios. La parroquia era dueña de una pequeña franja de terreno, que había sobrado del solar, sobre el que se edificó el templo, frente a la fachada del mismo. Este solar carecía de fondo y limitaba en la parte sur con un huerto, que no tenía salida a la calle. El propietario del huerto nos propuso edificar en cooperativa o comprarnos el solar fachada. Optamos por lo primero y nos lanzamos a una temible e incierta aventura económica. La parroquia respondió generosamente y hace unos meses liquidamos el último pago (120.000 Ptas.). En este momento la parroquia tiene escrituradas en legítima propiedad, un bajo y cinco pisos. Nuestra visión de futuro al edificar este inmueble se ha visto ratificada con la incierta pero confiada perspectiva que se abre, hoy en día, de la autofinanciación del Clero y de la Parroquia. En los últimos años hemos seguido la marcha ascendente y así se han construido salones en el coro, se ha sustituido la vieja y defectuosa instalación eléctrica por otra nueva, funcional y segura, se ha pintado la Iglesia y los bancos y se han electrificado las campanas. El año pasado (1988), ante las deficiencias del funcionamiento de la calefacción, anticuada y superada por los avances técnicos, instalamos una nueva calefacción. El presupuesto fue sumamente elevado: 6.000.000 de Ptas., Pero también la aportación de los feligreses fue sumamente elevada. No tardamos el año, en liquidar dicho presupuesto. Tenemos la gran satisfacción de que todo lo hemos hecho nosotros, con generosos sacrificios y oblaciones desinteresadas, pero llenas de amor cristiano. Por otra parte hemos renunciado a las aportaciones porcentuales que la Diócesis destina para estas obras y fines. Sabemos que existen necesidades, a nivel diocesano, más urgentes y graves que las nuestras y por eso lo hemos transferido. Nuestras aportaciones materiales, impregnadas de espíritu comunitario y de fe, nos hacen sentir y palpar, a diario, que la parroquia es algo nuestro, parte de nuestro hogar cotidiano, epicentro social de nuestro encuentro con los demás parroquianos y levadura de unidad parroquial. También con nuestras aportaciones económicas, hemos hecho COMUNIDAD. |